Capte
la atención de sus lectores, destaque los hechos, encuentre el tono correcto y
no desperdicie palabras... estos son algunos de los consejos que el periodista Marcus
Tanner recopila para escribir un reportaje de investigación:
-Siempre
que sea posible, trate de empezar con una introducción colorida en lugar de
afirmando simplemente un hecho.
-Busque
una persona/ familia/ situación/ historia de interés humano con la que ilustrar
el dilema/ hecho sobre el que esté escribiendo.
-Si
trata el tema de las mujeres que empiezan a tener hijos a los 40, comience
mejor hablando de una de ellas que indicando que “el 20 por ciento de las
mujeres que hoy en día dan a luz a su primer hijo tienen 40 años o más”.
-Asegúrese
de que la introducción refleja del resto de la historia.
-Debe
ser un inicio relevante.
-No
basta con que la introducción sea colorida: ésta ha de servir de guía hacia el
reportaje.
-No se
olvide de la introducción. Si nos ha presentado a Julia teniendo su primer hijo
a los 41 años, resultaría poco satisfactorio que no volviera a aparecer.
Avanzado el reportaje, el lector querrá más sobre ella, así que guarde algo de
material/ datos para aportarlos en la conclusión.
-Es
fácil enamorarse de algún pasaje o hecho interesante pero no significativo para
el resto de la historia.
-Una
introducción colorida es una buena forma de captar lectores. No vaya demasiado
lejos.
-Una
introducción colorida no debe extenderse más allá de los uno o dos párrafos,
pues de lo que se trata es de resaltar el punto substancial de la historia.
-Esta
segunda parte debe contener un diagnóstico conciso del fenómeno que desea
describir. Debe ir acompañado de hechos, cifras y porcentajes.
-La
segunda parte de tu reportaje debe estar dotada de la mayor cantidad posible de
hechos firmes. En este espacio es fundamental que nada sea vago, carente de
fuente, descontextualizado o impreciso.
-Contextualice
todos los datos relevantes. No escriba: “100.000 personas han perdido sus
empleos en los últimos años”; sino: “de acuerdo con los datos para 2009 de la
Cámara de Comercio, 100.000 personas se han quedado sin trabajo durante los
pasados 12 meses, la mayoría de ellas en el sector del transporte. En
consecuencia, el número de desempleados se situaba a principios de 2010 en
350.000, lo que equivale al nueve por ciento de la población activa”.
Sea escueto con los títulos
-Los
títulos personales largos roban espacio valioso. No desperdicie palabras
presentando a profesionales y a políticos con el nombre completo de sus cargos.
-No
hace falta que escriba “John Smith, secretario de Estado de Economía,
Exportaciones, Importaciones, Negocios y Comercio”. Diga, simplemente, “John
Smith, ministro de Economía”. Son cinco palabras contra 12.
-Evite
el título de presidente a no ser que se trate del jefe del Estado o de alguien
que ocupe una posición similar, por ejemplo, el presidente de la Corte Suprema.
Opte por director, directivo, jefe, representante, responsable.
-Así,
en lugar de “presidente del consejo ejecutivo de la empresa química Glaxo”,
escriba “representante de la química Glaxo”.
No
llame “doctor” a los citados a no ser que sean médicos.
-Use
director, y no director jefe, etc.
Exponga los datos correctamente
-Compruebe
todos los datos y cite a las fuentes cuando sea necesario.
-Esto
es aplicable a datos poco conocidos, controvertidos y discutidos.
-Si
parece que está siendo descuidado o evasivo con sus datos, el reportaje podría
venirse abajo.
-No
pierda el tiempo indicando fuentes de datos poco peliagudos.
No hace
falta, por ejemplo, que diga de dónde ha sacado el número de habitantes que
tiene un país.
-Algunas
estadísticas, como las del desempleo, deben citarse junto a una corta
referencia a la fuente porque se trata de datos que sí generan cierta
controversia. Solemos querer saber de dónde proceden las cifras, es decir, si
son de la Cámara de Comercio, del Ministerio de Trabajo, etc.
-Exponga
detalladamente las fuentes cuando se trate de cuestiones más complejas, controvertidas
o discutidas.
Dele el tono adecuado
-Trate
de no sonar ni como un informe de la Unión Europea, es decir, seco y oficial,
ni como un periódico sensacionalista.
-Evite
el presente (“La enfermera me está persiguiendo”).
-Evite
los puntos suspensivos (“La miré a los ojos…”).
-No
abuse de las exclamaciones (¡Tenía aspecto de loca!).
-Evite
las cursivas, las repeticiones y las mayúsculas (“Alguien está gritando…
¡Alguien está GRITANDO!”).
-No
haga uso de comparaciones exageradas; no compare una mala estancia en un
hospital con una prisión o un campo de concentración nazi.
-No
equipare a unos funcionarios malhumorados o desagradables con Hitler.
-No
tilde de fascista a nadie aunque él mismo se designe de tal modo.
-No sea
paternalista: no llame abuelita a una mujer mayor ni utilice su nombre de pila
para referirse a ella como si tratara de una niña. Lo mismo vale para los
hombres mayores, los campesinos, la gente pobre, etc.
-Reduzca
las lágrimas al mínimo.
-No se
lo tome como algo personal
-No hay
espacio para el autor en su propia historia. Éste debe colocarse en el lugar
más discreto y neutral posible, no en primer plano.
-Si la
palabra “yo” aparece en cada párrafo, algo va mal. La única excepción para esto
es que se convierta usted en el protagonista del reportaje, por ejemplo,
vistiéndose de mendigo con el fin de comprobar cómo reacciona la sociedad ante
los pobres.
-No
cite sin nombrar a la fuente.
Terminando
-No
reduzca el ritmo o deje ver que pierde el ímpetu.
-Muchas
veces, acabar con una cita es un buen recurso.
-El
final ha de referirse de algún modo al principio.
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Un ejemplo de reportaje investigativo:

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