Por Gladys Delgado
(Alumna del Taller de Redacción Periodística
II – Universidad
Autónoma de Asunción UAA).
El
Covid-19 o coronavirus, como lo conocemos, ha atacado de improvisto a todos,
dejando paralizado al mundo entero.
Algo
visto solo en la ciencia ficción como una buena película de terror hoy
atemoriza a las personas, dejándolas con la psicosis de que podrían ser los
siguientes contagiados y que sin darse cuenta pueden transmitirlo a los que lo
rodean.
Los
habitantes del Paraguay, el país de los amigos, las salidas y las rondas de
tereré, por primera vez se han visto obligados a olvidar todo contacto físico
con cualquiera y cerrar las puertas de empresas, fronteras y hogares, a todo aquel
que pudiese ser portador de este virus que, aunque no es tan letal, se
distingue por ser de muy fácil contagio.
La prueba
de sensatez más grande que lleva a cabo ahora en el país (siendo que somos
conocidos por la joda y el desinterés total) es el de quedarnos en nuestras casas
y de alguna manera frenar el holocausto que se avecina si no nos cuidamos unos
a otros.
El
Covid-19 no solo afecta a las empresas, también a los hogares en donde, como en
toda guerra en suelo de nadie… todos son enemigos.
Mirando
el interior de los hogares de los paraguayos podemos percatarnos de que aún con
la emergencia sanitaria hay personas que deben ir a trabajar, ya que son el
sustento de sus hogares y encontrar empleo en esta crisis es casi imposible, no
queda más de otra que salir a ganarse el pan, siendo así un peligro inminente
para toda su familia.
El miedo a ser agente de contagio
Orlando
Delgado, un hombre de unos 40 años, proveedor de la empresa Highest S.A. (una
importadora de productos sanitarios) nos comenta que ya no quiere volver a su
casa, pues tiene miedo de contagiar a toda su familia.
"Hoy en día el enemigo de mi hogar soy
yo mismo" replicó, mientras preparaba sus cosas para ir a
trabajar.
Su
principal motivación es su familia, pero teme que por querer hacer un bien
termine por traer el mal a su casa.
Orlando ha
llegado hasta a odiar el hecho de tener un trabajo en estos momentos, pero
sigue con la esperanza de que siendo un funcionario que está en contacto
permanente con suministros de sanidad, el peligro de contagiarse sea menor.
Todas las
mañanas sale de su casa con el temor de que al volver traiga consigo el virus y
contagie a su madre, de 65 años de edad, la que que –según nos comenta– es su
ejemplo a seguir y su gran pilar.
Los miembros
de su familia son quienes más lo motivan a seguir, aun con el miedo, porque es
necesario salir adelante. Él dice estar seguro de que saldremos de esta pandemia
como vencedores, como lo hizo siempre la raza paraguaya.
De este
modo nos damos cuenta de que todo lo que antes de esta pandemia parecía algo
insignificante y a veces hasta innecesario, como un beso o un abrazo, es lo que
más nos hace falta en estos momentos de crisis y caemos en la cuenta de que
cuando podíamos hacerlo no lo valorábamos.
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(Este
reportaje forma parte de la serie: “Lo
que vivimos en tiempo del coronavirus”, trabajos prácticos realizados a
partir de las clases virtuales implementadas durante el periodo de paro
sanitario y cuarentena. Asignatura: Taller de Redacción Periodística II.
Profesor: Andrés Colmán Gutiérrez. Facultad
de Ciencias de la Educación y la Comunicación. Universidad Autónoma de Asunción
- UAA).

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