sábado, 21 de marzo de 2020

Lo poco que vale mucho




Por Nicolás Maciel
(Alumno del Taller de Redacción Periodística II – Universidad Autónoma de Asunción UAA).


En la ciudad de Villa Elisa, Jorge Irala, de 38 años de edad, junto con su madre Irene, de 69 años, el día de ayer, un jueves 19 de marzo tedioso y con un cielo gris oscuro provocado por un sinfín de gotas, en menos de un minuto al ver que sus vecinos entraron por el portón principal de la casa con bolsas de supermercados, sintieron que ese cielo nublado se despejo por completo. Una sonrisa por parte de ambos, de oreja a oreja, se pudo observar claramente cuando recibieron los alimentos y productos útiles para el hogar de la mano de sus generosos vecinos.

No siempre ocurren milagros en tiempos difíciles, pero para una familia en donde el hijo no cuenta con un empleo y tiene a su madre con él, ocurrió. El tan esperado milagro apareció justo en el momento preciso, con la nevera casi vacía, buscando saciar el hambre con galletas viejas, los vecinos de la ciudad de Villa Elisa se dieron cuenta de la situación no muy tranquila que llevaba esta familia. No hubo necesidad de ir a preguntar si les faltaba algo, era muy visible lo a duras penas que estaban, juntaron dinero para ir al supermercado más cercano que tiene la ciudad y fueron a comprar cartones de leche, jabón, fideos, arroz, etc. Todo para esta familia conocida.

Cuando entraron por el portón principal de la casa, al señor Jorge Irala se lo escuchó gritar alegremente: “¡Esooooo… mamá tenemos alimento!”, al recibir y agradecer a los vecinos con mucha alegría por el gesto que tuvieron con ellos.

Fue un momento muy emotivo para todos. Y es que, para una pequeña ciudad de 75.933 habitantes, de momento no hay casos confirmados por este virus… pero lo malo es que si hay casos de escasez. Una familia de las tantas que hay tuvo la suerte, pero… ¿y los demás que se ven afectados?, ¿Cómo llevan adelante todo esto? Ha de ser difícil de comprender, pero lo mínimo para alguien hoy por hoy puede ser mucho.

Bien, ahora, lo que se vive desde el día de uno es realmente fascinante y a la vez aterrador. Muchas cosas que tienen sus pros y sus contras, las calles que de a poco van sintiendo la ausencia de quienes en algún momento eran parte de su día a día. Las personas ya notan que hay algo diferente en su rutina de salida por la misma avenida y todo esto porque llegó el momento en donde la gente va tomando consciencia en cuanto a cuidados, respeto e importancia de seguir las reglas y normas establecidas por las cabezas de este magnífico país, a causa de este virus que fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Lo bueno es el comportamiento que estamos conservando, es algo nunca antes visto pero dentro de todo y como ley de vida siempre que haya brillo, habrá una sombra. Muchas personas que se ganan la vida a través del día a día están siendo afectadas por esta petición de no salir de nuestros hogares, aquellos que salen bajo la ola de calor abrumante a vender sus helados, sus chipas, sus golosinas o lo que ofrezcan sienten la ausencia de su tranquilidad pensativa (“mañana seguro vendo algo y tengo dinero”), aun así, prueban suerte, arriesgándose para llegar a casa y tener algo con que alimentarse.

Movimientos en redes sociales en donde se filtran fotos de personas de edad en las calles, esperando a que aparezca alguien y adquiera algo de lo que ofrecen para que puedan mantenerse. Hay cambios positivos gracias a este virus, que para muchos es negativo. El gobierno brindará una mano donando kits para las familias que necesitan, para la clase social media y alta. De momento todo continua bien; para los que no, el camino se pone peor, es por eso que algo simple puede ser algo inmenso para alguien en estos tiempos: dar una mano, ayudar, ser solidarios y ponerse en el lugar de los demás, como lo estamos haciendo. Es lo que nos va ayudar a salir mejor que nunca de esta situación cuando acabe.

Para la familia Irala dejó de llover fuertemente. Para otras aún sigue la tormenta, pero eso puede cambiar, depende de todos, de saber sobrellevar este momento y de saber ayudar.

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(Este reportaje forma parte de la serie: “Lo que vivimos en tiempos del coronavirus”, trabajos prácticos realizados a partir de las clases virtuales implementadas durante el periodo de paro sanitario y cuarentena. Asignatura: Taller de Redacción Periodística II. Profesor: Andrés Colmán Gutiérrez. Facultad de Ciencias de la Educación y la Comunicación. Universidad Autónoma de Asunción - UAA).  


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