Karina
Elizabeth Conteiro
(Un trabajo de la materia Taller de Redacción II - UAA 2019)
Ya lo dijo Guillermo Francella en el ‘Secreto de
sus Ojos’… «y es que hay una cosa que el
hombre no podrá cambiar y es la pasión». Si bien en el filme de Campanella
se manifestaba como una declaración de lealtad a un equipo de fútbol argentino,
esta definición es aceptable trasladarla a la cotidianidad.
Robert Bourgoing es un joven periodista
trabajando actualmente en un medio local, sin embargo, comparte el amor por
este oficio con lo que él llama un “servicio”, pues para Robert ser
catequista es mantenerse al servicio de los que quieren llegar a conocer y
profesar la palabra de Dios.
Su vocación data de hace años, pero la paciencia
por la enseñanza se renueva y gracias a su capacidad de comunicar, Robert puede
desenvolverse con total facilidad en base a su propio conocimiento, sin
recurrir al “manual” o a la repetición de referentes de la Iglesia católica.
Esta pasión derivó en que la comunidad cristiana
de su barrio en Capiatá confiara en su capacidad de liderar a un grupo de
catequesis con sus respectivos cursos.
“No
ejerzo pero seguiré siendo catequista hasta el día de mi muerte”,
declara con tanto fervor. Una cualidad que carece dentro de una sociedad en la
que estar al servicio de los demás de manera gratuita es una utopía.
Además posee un criterio propio en relación a
los últimos acontecimientos en donde la Iglesia, Cardenales y hasta el Papa se
encuentran involucrados. Le fe de Robert no desaparece pero sí admite el
repudio ante los distintos hechos negativos que salen a la luz.
“Representan
a una institución religiosa y se debería de mantener una compostura”.
Y añade que “el encubrimiento a nivel
general o regional también” lo repudia con total seguridad.
La felicidad de poder predicar e incentivar al
llamado de los encuentros eucarísticos es un beneficio que logra reconfortarle
el alma sin obtener nada a cambio.
Un creyente que se mantiene y construye -e
instruye- para el beneficio de los demás. Un creyente que a pesar de estar en
un mundo moderno, le hace frente a la malversaciones, la corrupción o los
escándalos sexuales que salpican a la Iglesia Católica con sus propias posturas
manteniendo ante todo la fe.



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