Nastasja Görzen
(Un trabajo de la materia Taller de Redacción II - UAA 2019)
El público gritaba en el Estadio de Polo Argentino, en
medio de la ciudad de Buenos Aires, mientras las luces del escenario se
encendían con la llegada del esperado artista inglés, Ed Sheeran, quien empezó
su repertorio con “Castle on the Hill”, uno de los singles de su último disco,
denominado Divide.
Las sensaciones se cruzaban al oír las cuerdas de su
guitarra, el único instrumento que utilizaría a lo largo del concierto
acompañando a su voz, junto con el sonido y el sentimiento de las gotas de
lluvia que caían en la piel de los espectadores emocionados por lo que
presenciaban.
Habíamos llegado esa mañana del sábado 23 de febrero a
la capital argentina, junto a mis cuatro amigos del colegio y entre ellos mi
novio.
Nos solíamos reunir a cantar y tocar instrumentos
todos juntos, desde que empezamos la universidad. Habíamos empezado a planear
el viaje para ir al concierto meses atrás y aún no podía creer que estaba ahí,
viendo en vivo a uno de mis artistas favoritos. Las canciones que había tocado durante
tantos años en mi guitarra, tratando de imitar a la persona que solo había
visto a través de las pantallas hasta ese momento, cobraban vida y las oía como
si fuera por primera vez.
Mi mano izquierda formaba los acordes en el aire por
memoria muscular, como si estuviera ejecutando el instrumento y mi voz temblaba
mientras cantaba al unísono, asegurándome de aprovechar cada segundo.
Parecía un espectáculo de 360 grados. El cielo
nocturno que empezaba a despejarse no era iluminado solo por las luces del
escenario, sino también por las ventanas
de los edificios gigantescos que rodeaban el estadio ese sábado de noche.
Las melodías cantadas por el artista y por miles de
personas al mismo tiempo, demostraban el alcance que tiene Ed Sheeran con su
música, incluso a un océano de distancia de Inglaterra, donde compuso la mayor
parte de sus canciones.
-Este es el último
show de mi gira por Latinoamérica… Buenos Aires siempre es el show más ruidoso
que hago y les aseguro que va a ser el más ruidoso una vez más-. Lo
pronunciado por el cantautor en su lengua materna fue confirmado por el
ensordecedor chillido de los 45 mil fanáticos reunidos.
Sheeran cumplió más de un rol esa noche. Fue un
animador cuando logró poner a todos de pie con temas más movidos como Sing y Shape of you. Fue un poeta,
con sus letras y baladas que lograron que las gotas de lluvia se mezclen con
las lágrimas y hasta un director de orquesta, haciendo armonizar a todos los asistentes
del espectáculo creado por un hombre con su guitarra.
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